domingo, 31 de agosto de 2008

POBRE CUCO III

Un oso escarlata ha abandonado su cueva para buscarte;
persigue rubíes de tu sangre,
le han dado a oler ropas de tu amor
¿quién te ha traicionado?,
le han puesto en rastro certero
¿quién te ha vendido?
***
He lanzado artilugios finales
para que el aviso te llegue vestido de premura,
desde aquí, donde fenecen esperanzas:
Yo, comandante de fuerzas obscuras,
¡Hay! de mi, si me has visto, acompañando revoluciones impías,
extrañas, injustas; lanzando puños a la nada.
***
Y quizás aun, todo; hubiera sido mejor que esto.

jueves, 31 de julio de 2008

POBRE CUCO III

EL ACORDEON DE HURACANES

NUEVE
La naturaleza del medio que me trajo no me importaba, tampoco podía conocerla.
Las certezas se diluían en un destartalado autobús en el que comencé a cruzar el desierto.
Más tarde sólo tenues imágenes que como burbujas explotaban luego de vivir unos segundos.
Decidí evitar las moscas de Paul.
Allí no había vida, nada más que la estela de mi paso desapareciendo lentamente, el fantasma que me guiaba y yo, este ser inerte.
Llegué, luego dirían que volando, por la alquimia de un chaman, o como se insinúan las cosas, simplemente cuando suceden.

OCHO
Estaba allí, frente al vacío de una calle que alegraría a John Wayne, insidiosamente oculta por cortinas de polvo.
Fue entonces, antes de moverme, antes de pisar el marrón desolación del pueblo, que mi conciencia se elevó y desde una estúpida nubecita pude ver ese cuerpo que era mío, camuflado con tierra, la cabeza cubierta con un ridículo sombrero australiano, la vista ciega tras unos anteojos violetas, la lengua transitando infructuosamente los labios agrietados por besar al desierto, unas bermudas y unos toscos zapatones, dejando al desnudo el barro de las piernas con los millones de pelos asfixiándose en búsqueda de estímulo.
Desde arriba lo ví: atravesar las barreras arremolinadas en suspensión,
sospechar ese mundo de madera vieja y resquebrajada, levantar la cabeza hacia el gigantesco y chirriante cartel que decía Caxandria.

SIETE
Entró al Museo del Agua y fue lluvia sobre ríos, lagos, mares y océanos; se internó en el líquido y supo lo que era nacer. Fue nieve y el resfrío fue la esencia en las tardes en que se camina sin nadie, sin rumbo, esperando no sé qué, esperando siempre.
Después el iceberg le mostró el abandono, la azul indiferencia, para luego burbujear en el índigo vapor de sentir que a veces no se está solo.
Contempló la impotencia de las mareas frente al movimiento irrefrenable, abrazó la arena y gustó la sal.
Observó en desbordantes esferas acuáticas la informe maleabilidad del pragmatismo total.

SEIS
Desde la insipidez el cuerpo salió.
Mojado, desnudo, perfecto como jamás fue, como sólo en ese instante lo permitía Caxandria.
Oyendo repiqueteos frívolos se aventuró al Museo de Campanas, al dorado, cobre, plata y cristal.
Vio cuerpos marchitos, aplastados por campanas de servidumbre.
Sintió el muestrario de llamados y avisos, la pléyade de sonidos anunciando nacimientos, enlaces y funerales.
Se oían tañidos mágicos, bálsamos.
Opio y monjes de todas clases, enormes y pequeños, terribles y sagrados; forjaban campanas más allá de los ojos, más allá de lo que quizás nadie puede ver.
El cuerpo pudo bajar los párpados y seguir al tormento vibrante del gran cencerro de los tiempos muertos, perdidos, de las ocasiones que no fueron.
Los estadios perseguidos sin hallar, soñados sin hacer.

CINCO
Intentamos, la forma y yo, sin logro alguno, entender algo del Museo de Especies Naturales.
Pudo espiar entre las grietas de las maderas y sus uniones defectuosas el Museo de la Magia, custodiado por formas y ruidos sin lectura posible con los sentidos y signos que me fueron conferidos.
Intransferibles con las palabras que comunican estas letras.
No consiguió ingresar al Museo de Torturas, cerrado por perennes reformas.
Deseché el Museo del Olvido, no averigüé si hubiese podido franquear su entrada, si hubiese podido abandonarlo.

CUATRO
Las alas se hicieron una necesidad impostergable para adentrarse al Museo del Viento y fue aire, soplido, pájaro, insecto y dragón.
Halló tiempos, hojas, lluvia, tormenta y ciclón.
Encontró ángeles y bestias desplegando andamios plumíferos; procedentes de una cantidad de mundos.
Entonces fue que empecé a creer que la libertad no era un don que los dioses hubieran pensado para los hombres.
Y con los focos empecinados penetró al horror de los jirones de los vientos de guerra, al vuelo rasante de la rapiña y a los tifones-engendros de injusticia, inclaudicable en incontables planetas.
Quiso escapar volando, abrir enorme las alas y ya no pudo, no las tenía, había sido arrastrado fuera del lugar.
Empezó a sentir calor y cómo se deshacían sus lágrimas.

TRES
Estaba en el Museo del Fuego, al calor crepitante en las miserias y encantador en las pasiones.
Se asiló en la necesidad de quemarse, de tensar las fibras del ser vivo que aleteaba en mis recuerdos. De entregar el fuego y compartirlo, de unirse en las llamas para huir.
Fue madera y tea, madera y tea hasta no resistirlo y debió hallar fuerzas insospechadas para erguirse entre las propias homeomerías convertidas en desechos.

DOS
Planeando aturdido, tratando de no saber, pero con la ciencia incrustada en la carne del cuerpo ausente aterrizó en el Museo de Cera.
Se encontró una y otra vez, todas las veces. Se encontró con cada momento.
Vio muchas caras y cuerpos que habían pasado, que habían ocupado los días y de las cuales no conocía sus risas, sus motivos, sus ojos al creer.
En el magma perdonamos la existencia, a los que tocó y a quienes le tocaron, a los dioses y a sí mismo, las mil veces que necesité perdonarme a mí mismo.
En ese momento, a pesar de su poder, las estatuas empezaron a desvanecerse gota a gota, derritiéndose.
Yo esperé ver mi figura hecha cera líquida.

UNO

Otra vez el chirrido del gran cartel rezando Caxandria se instaló en su cabeza.
Otra vez fue polvo, sombrero australiano, lentes violetas y la búsqueda de estímulo.
La estúpida nubecita llovió sobre mi conciencia, el fantasma que me guiaba desapareció en el desierto con sus muertos, cargando un saco roto, del que no podían caer más que huesos, como un vestigio de lo que había sido.
Fue así como se hizo.
Algunos dirían que volando, otros, por la magia de un chaman, o simplemente porque le tocaba suceder.
Y uno sigue aquí, con la duda infinita y el deber de navegar entre huracanes.

CERO

Entonces recogió su piel y abandoné Caxandria.

sábado, 28 de junio de 2008

sábado, 31 de mayo de 2008

POBRE CUCO III



dorada como una revolución
tu historia me encontró,
ansiándote como a la juventud,
masticando azahares de naranjos soleados.

me pasé toda la noche, tiritándote mis sueños,
tus ojos han dormido para mi.
Nuestro brote es poderoso,
fulminante, con ejércitos dispuestos.

sur, siempre al sur,
el vuelo ha levantado,
mutua flor al viento,
la pequeñez de la distancia se elabora en mis deseos.

lunes, 5 de mayo de 2008

POBRE CUCO III

Cuando suenan los tañidos de la hora ciega,
frontera tundra que habito.
El borracho galope la ha perdido.

Los monos aullarán en tu cara,
cuando mi naufragio ya sea un mal sueño,
tu cabeza se habrá estancado en las fauces del puma.

Se que han dicho por ahí que he muerto,
Si tal es posible, aun no me he enterado.
A pesar de lo que creas, de lo que hagas:
Algunas campanitas titilan en mayo.

jueves, 3 de abril de 2008

Sobre las obras incluídas en Pobre Cuco III

Justamente hace unos días, nos lo preguntaban en la radio, a Cami, Max, Fede y a mí (estuvimos con Luis, Vero y Flor de Casa Trece), y lo que respondimos tiene que ver con esto: hay voces que nos eligen de antenas, pretendemos comunicar esas voces, evitar que se extingan.
Cuando hacía poco mas de año y medio de vida en Cba y recién empezaba a abrir la puertas de mi closet, tuve a bien conocer a Martín y a su gente, fabulosos exponentes, extraestereotipos, de una familia obrera y respetuosa de la libertad de sus miembros, sorteando las bravas aguas de los ’90, las del discurso único y monolítico, las del “sálvese quien pueda”, las de las injusticias con oropeles, las del terror de viajar en un tren del que no era posible otro destino que el choque.
En los casi dos años que salí con Martín, su familia fue un disfrute mas, una isla.
En una lánguida y soporosa tarde de domingo en enero, junto a Trini, la mamá, algo anestesiados por la segunda cerveza y mientras hacíamos el aguante a Martín, que estudiaba en su habitación; ella recordó a las hermanas Lacombe, viviendo diagonalmente en frente de su casa paterna en La Rioja, dándole clases de francés, Keka, y piano , Bijou.
Habían nacido coqueteándole al siglo, Keka en 1899, Bijou en 1901, entre Cassis y Marsella. Ambas, junto a su madre tendrían que cruzar toda Francia, hasta Burdeos para tomar el barco de la compañía “Les Messageries Maritimes” alrededor de 1905, hacia l’Argentine, para reunirse con el padre, que huyendo de la crisis por la filoxera y gracias a un pasaje prepago de las oficinas de inmigración argentina había partido después de las navidades de 1901, llegando, primero a Pigüé y luego, como encargado de una finca, al Valle de Huaco, cerca de Sanagasta en La Rioja.
Lacombe, por tradición del oficio, había llegado ligado a la masonería; en la Argentina, siguiendo ya un derrotero mas propio y algo nutrido del azar de los encuentros, sus ideales viraron hacia el anarquismo.
La infancia de las hermanas, sería de años riojanos, provincianos, pueblerinos. De trabajo arduo y felicidad para la familia, en una villa que también se hacía próspera y cuyo clímax anual llegaba a fines de septiembre con las festividades de la Virgencita India y su procesión ida y vuelta, a pie, desde Sanagasta hasta La Rioja.
Cuando Keka se encontraba terminando los estudios para ejercer el magisterio sucedió, en uno de los caminos de cornisa de la zona; la desgracia con el carro desbarrancado, llevándose a los dos padres.
Las hermanas Lacombe liquidaron los bienes de Sanagasta, con los años habían pasado a ser propietarios de casa y terrenos, y se trasladaron a la ciudad de La Rioja, donde Bijou siguió los pasos de la mayor.
Sus vidas transcurrieron siendo maestras y profesoras de francés y piano, respectivamente, con una existencia tranquila e independiente, siendo respetadas y valoradas socialmente a pesar de lo que esa misma sociedad juzgaba como “extravagancias de extranjeras”.
Nunca se casaron, una por convicciones libertarias, la otra por ser lesbiana.
Era evidente además, cómo, mutuamente se nutrían de la cofradía que, desde otro continente, recorriendo países y un océano; habían labrado a través de los años.
A mediados de los ’80, con las dos hermanas octogenarias, junto a las primas Villagrán, contemporáneas de las Lacombe, nació la casa de descanso, una especie de residencia para mujeres mayores pensada como cooperativa y donde las ancianas tenían el control de la casa.
Keka y Bijou fallecieron con apenas setenta días de diferencia entre fines del ’92 y comienzos del ’93. A mediados del ’92 habían tenido oportunidad de terminar de disfrutar el último gran placer que saborearon juntas, el serial Twin Peaks de David Lynch, del que fueron fanáticas y religiosas seguidoras.
En circunstancias nunca totalmente aclaradas, el domingo 14 de mayo de 1995, día de elecciones generales, con las cuatro fundadoras ya ausentes, un incendio también se llevó la casa de descanso y asestó un golpe traicionero y final para la cooperativa.
Fue una gran tristeza y pérdida para la comunidad y especialmente para las 10 ancianas que vivían en la residencia para entonces, que de pronto quedaron en la calle.
Las pocas cosas que pudieron salvarse del desastre, recibieron alojamiento temporal en la casa materna de Trini, donde las ancianas y sus familias las fueron retirando. Quedaron, sin embargo, algunos pertrechos inservibles y recuerdos de las ocupantes de la casa que se habían ido acumulando con los años, entre ellas una caja de madera con papeles, dibujos, fotos y postales que constituían el último legado de las Lacombe.



POBRE CUCO III:
Dibujos y Textos: Extraídos de los recuerdos de las hermanas Lacombe
Compilador Literario: Max Garcia
Compiladores de Arte: Camila Carrión
Federico Galará
Diseño Gráfico: Federico Galará
Logística Web: Xam Miranda

miércoles, 12 de marzo de 2008

viernes, 29 de febrero de 2008

miércoles, 13 de febrero de 2008

POBRE CUCO II

Mogadiscio, 19 septiembre 1993

Perdón por no escribirte antes, sé que han pasado como diez días desde la última.
Tengo que hacer un gran esfuerzo para volver a ser Nagiya, la que conoces, la que te escribe, un esfuerzo tremendo para dejar afuera a la otra, la enfermera inútil, hundida en esto.
A veces pienso que necesitaría que tus manos me recorriesen para comprobar que soy la misma, suelo pensar que acá podría olvidarme.
Nada nos prepara para todo esta mierda.
Esta es una carta lastimosa, ya lo sé, otra vez perdona.
Algo me recorre por dentro, hay placer y saudade en eso, pensándote al abrir el sobre, en que aun a la distancia podamos las dos tocar lo mismo.
Algo sucedió hace un par de días, en el momento necesité contártelo.
Hubo un bombardeo “por error “ de las tropas yankees a un mercado al aire libre.
Cuando llegamos, mi ambulancia estacionó cerca de una anciana totalmente cubierta de negro y bastante de marrón, como si el polvo se la fuese tragando.
Estaba en tierra, meciéndose, amarrada y cubriendo a su nieto.
Cuando me acerque a ella no me respondió, estaba como en trance, con el cadáver del niño, de unos diez años, en brazos, moviéndose como si fuese un bebe y no quisiera que se despertase.
Hacia un sonido constante, un lamento gastado, que subía y bajaba de intensidad siguiendo el ritmo de su respiración, era como algo ya incorporado a ella.
Me pareció que ella no estaba herida, mansamente dejó que buscara pulso en el niño, para que yo también supiese lo que ella ya sabia, lo que la había atravesado, tirándola.
Fueron instantes, después debí seguir la búsqueda, dejando que el instinto siguiera la vista y los gritos de dolor y ayuda.
Un par de veces pase por ahí y la anciana seguía en la misma posición y movimiento.
No se cuanto tiempo había pasado cuando llego el convoy yankee, exigían que rápidamente se desalojara el predio, borrar las consecuencias del “error”.
Cuando se acercaron a la anciana con el nieto, obviamente siguieron con la lógica de ordenar, fue como si recién ahí la mujer se hubiese percado de ellos.
Mientras me acercaba para intentar mediar, veía como la mujer parecía ofrecerles el cadáver del niño, mas cerca escuche que les hablaba en swahili, los maldecía, repetía como un mantra:
- los cubrirá el matorral...los cubrirá el matorral...los cubrirá el matorral.
No entendí a que se refería.
El intérprete les traducía a los soldados.
Matorral en inglés es bush, pero Clinton era ahora el presidente y había derrotado a Bush en las últimas elecciones.
Pienso que la pobre desgraciada se equivocó de tiempo.

lunes, 28 de enero de 2008

sábado, 12 de enero de 2008

POBRE CUCO II

El instante transcurre al acercamiento inevitable.
Como creyendo que podemos vernos,
interpretar los signos.
Mi mano en tu pija, como si pudiera leerte.
Mi lengua en tu culo, como si paladease tu esencia.
Ingeniería del terreno del que tanto esperamos.
Mientras me froto con vos y voy creciendo ahí abajo (no, eso ya había empezado cuando te pensaba, viniendo a encontrarte); sonrío presumiendo nuestras narices rojas por el roce.
Tu lengua es un juguete del que no me canso, me enloquece como el cambio de tu respiración cuando nos calentamos; querría tragarte para tener ese ritmo siempre conmigo, cada vez que abro los labios.
Mi boca mirando tu nuca, aguas de mi sed.
Yo creí que eso era la felicidad.
Yo, cubriéndote, recorriendo todo el camino hacia vos.
El creyó que eso era la felicidad.
Nosotros, a kilómetros de la realidad, desviados del mundo.
Olvidados de lo habitual.